Almuerzos formativos, desayunos o comida de trabajo

Me refiero a ese encuentro en el que uno o varios ponentes dan una charla mientras el resto de asistentes se enfrentan a un exquisito manjar.

Lo primero de todo, suelen estar muy buenos. Y esto es importante, hay que agradecerlo. Pero, algo me pasa con ellos; posiblemente solo me ocurra a mí. Tengo dificultades para atender, tomar notas, manejar los cubiertos, masticar y buscar un sitio para el ordenador portátil.

¿Dónde coloco el cuaderno y el bolígrafo? ¿En mis piernas? ¿Y todo el rato mirando hacia abajo? ¿Qué hago con los cubiertos?  ¿Cómo te concentras en la ponencia si tienes un sugerente pincho de tortilla? Sí, es complejo.

Y luego, cuando acabas… Por mucho que utilices servilletas tus manos estarán pringosas y las preguntas o saludo con el ponente es un deber.

No te ofendas si al terminar algún participante señala esa miguita que tienes en las comisura de tus labios.

La buena noticia es que con la práctica todo este laborioso y rico proceso se mejora.

 

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